Donde lo espiritual se une con lo material
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Donde lo espiritual se une con lo material
El nombre
Alef es la primera letra del alfabeto hebreo. Tav es la última. Entre ellas se encuentra todo lo que existe —y es precisamente esa la palabra que aparece en el primer versículo de la creación: את (et), la Alef y la Tav escritas una al lado de la otra, unidas.
<span;>En la tradición de la Cábala, la Alef representa la dimensión espiritual: el soplo, la unidad, la luz del origen. La Tav representa la dimensión material: el mundo denso y concreto en el que vivimos —el mundo donde todo nace, enferma y envejece—. Dos dimensiones que parecen separadas, pero que la sabiduría antigua enseña que son vecinas: la distancia entre ellas es de un palmo. Un umbral. Una puerta junto a la otra.
AlefTav existe para abrir esa puerta.
¿Qué es la Cámara?
Los antiguos conocían este secreto y lo construyeron en piedra. En el corazón del Templo de Jerusalén había una cámara totalmente cerrada, sin ventanas, donde no entraba ninguna luz: el Santo de los Santos. No era un lugar vacío: era el punto exacto donde la dimensión espiritual tocaba la materia. Allí, en la oscuridad total, habitaba la Presencia. Se entraba por un tiempo determinado —y se salía transformado—.
Antes del Templo, existía la cueva de Macpela —«la doble»—, que la tradición describe como el lugar donde este mundo y el otro se superponen. Una cueva doble: dos niveles, dos mundos, una sola entrada.
AlefTav es un espacio construido sobre ese mismo principio: un entorno dedicado, preparado y reservado, donde —durante un tiempo determinado— la dimensión espiritual se acerca a esta dimensión material, para que pueda vivirse de forma real.
No se trata de un concepto abstracto, una charla o una lectura. Es una inmersión: entras en la Cámara, permaneces en ella durante el tiempo que dura la experiencia y sales.
No presenta ninguna contraindicación por los siguientes motivos: