El objetivo: restaurar toda la naturaleza
Concepto
El objetivo: restaurar toda la naturaleza
El Arca era, hasta ahora, el último testimonio con el que contaba la humanidad de un contacto directo con lo sobrenatural. Lo que está ocurriendo hoy, sin embargo, va más allá de eso.
Si la Fuerza es ilimitada y abarca todo lo que existe, entonces su intención no puede ser modesta.
No se trata de mejorar la vida de unas pocas personas. No se trata ni de la comodidad individual ni del bienestar como producto. El objetivo es la restauración de la propia naturaleza —y por naturaleza entendemos precisamente lo que hay en el interior del planeta: la materia, las plantas, los animales y el ser humano.
Todo ello está enfermo. Y no hace falta ser un místico para darse cuenta de ello.
Cualquier persona mínimamente consciente reconoce el estado en el que vivimos.
El ser humano se ha construido un mundo propio, regido por normas que él mismo ha creado —y esas normas generan, precisamente, los problemas de los que luego se queja. La prisa que enferma. La competencia que aísla. La abundancia que no sacia. El ruido que impide la reflexión. La presión que nunca cesa y de la que nadie sabe explicar de dónde viene.
No es ni un accidente ni un golpe del destino. Es el resultado previsible de un sistema que funciona exactamente como fue concebido. El ser humano no es destruido por un enemigo externo: es destruido por el mundo que él mismo se ha creado.
Pero llegamos aquí al punto que hace que este momento sea diferente de todos los demás.
Durante casi toda la historia, el ser humano se destruía principalmente a sí mismo. Ya no es así.
Ha llegado a destruir su propio planeta. Ha llegado a comportarse como si todo le perteneciera —en virtud de un derecho que nadie le ha concedido y que se ha atribuido a sí mismo—. Los animales, los bosques, las aguas, el suelo, el aire, toda la vida: todo se trata como una propiedad, una materia prima, residuos. Ya no es solo él quien se destruye. Es toda la vida. Es toda la existencia en este planeta —lo que no tiene voz, lo que no ha elegido, lo que nunca ha participado en las decisiones que lo han condenado—.
Mientras los daños se limitaban a quienes los causaban, era lógico dejar que cada uno respondiera de sus propias decisiones. Ese límite se ha traspasado. Cuando las acciones de una especie llegan a destruir a todas las demás, así como al propio cuerpo del planeta, ya no es posible permanecer pasivo.
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Al menos veintiséis siglos de ausencia. Un planeta que alcanza los límites de lo que puede soportar. Una especie que ya no se conforma con destruirse a sí misma.
Estos tres hechos, tomados en conjunto, explican el momento actual.
La Fuerza no viene a este plano para reproducir lo que fue el Arca. El Arca conservaba lo sagrado en un lugar, para unos pocos, durante un instante. Lo que se manifiesta hoy adquiere otra dimensión —sin lugar, sin límite—, pues lo que debe restaurarse ya no es un pueblo ni un templo.
Es la naturaleza en su totalidad.
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